Sobre Madoka Magica...
Este texto está lleno lleno lleno de spoilers de la maravillosa serie de 2011 Puella Magi Madoka Magica; de la serie, no de las películas. Los vídeos que citaré más adelante tienen spoilers de la película Rebellion. El que avisa no es traidor.
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Una raza alienígena descubre una fuente de energía más eficiente que ninguna otra, algo nunca visto, un jodido milagro termodinámico capaz de contrarrestar la mismísima entropía, de posponer indefinidamente la muerte del universo. Esta fuente de energía es el sufrimiento. Pero hay un pequeño problema: ellos, los incubadores, no sienten dolor ni emociones, no son capaces de sufrir. De modo que se ven obligados a buscar ese sufrimiento en el exterior. Cómo no, lo encuentran en nuestro planeta, en la humanidad.
El único individuo de esta especie que vemos es Kyubey, el antagonista según muchos. Kyubey es una especie de gato-perro visible sólo para quienes tienen talento mágico, capaz de teletransportarse, comunicarse telepáticamente con los humanos y resucitar. Su cuerpo es elástico y blanco como un pastel de arroz. Sus ojos son del color del granate y no pestañean. Generalmente se acerca a personas (a chicas adolescentes, porque esto es un anime) que están en alguna situación difícil, horrible, desesperante, y les dice algo que se puede entender como:
Puedo sacarte de ésta si a cambio me haces un pequeño favor...
Esto se plantea como pedir un deseo; tú le pides un deseo y él te lo concede cual genio salido de la lámpara. El favor que le haces a cambio es dedicar tu vida a luchar contra unas criaturas monstruosas, surrealistas y no-humanas llamadas brujas.
A este proceso lo llaman firmar el contrato.
Una vez informada, la chica pronuncia su deseo en voz alta y firme para que Kyubey lo haga realidad. Acto seguido se produce una escisión. Donde antes había un ser humano con cuerpo y alma (Madoka Magica define el alma como aquello que te permite estar vivo/a y consciente y ser tú, aquello que desaparece para siempre y sin dejar rastro cuando mueres o, en su defecto, aquello cuya desaparición te provoca la muerte) ahora hay dos cosas. La primera es un cuerpo humano indistinguible del que había antes. La segunda es un pequeño huevo de vidrio pintado que la chica guardará durante el resto de su vida; a este objeto lo llaman gema del alma y, como podrás intuir, es donde reside el alma, extirpada para siempre jamás, además de ser el origen de sus poderes mágicos. A la combinación andante de estos dos elementos la llaman chica mágica.
La gema del alma actúa como una especie de batería que se va llenando de sufrimiento. A medida que esto pasa el vidrio coloreado se ennegrece, simbolizando un deterioro tanto de la magia como de la energía vital de la chica. Esto se contrarresta a través de las brujas: del mismo modo que los jefes en los videojuegos suelen dejar un botín consistente en objetos y/o puntos de experiencia al morir, ellas dejan algo tremendamente útil y valioso: una bola con pinchos llamada semilla de la pena (o algo similar), que al acercarse a una gema del alma absorbe el sufrimiento salvaje, bruto almacenado en ésta y lo convierte en un sufrimiento refinado, tratado, filtrado, amplificado y listo para que Kyubey se lo lleve y lo convierta en energía; y la gema del alma queda limpia y como nueva.
Por el contrario, si la gema se sigue llenando sin control, llega un punto en que el sufrimiento acumulado rompe el cristal; el huevo eclosiona. Entonces ocurre el equivalente mágico de la muerte. Donde antes había una chica mágica ahora hay tres cosas: un cadáver humano, tan sujeto a las leyes del rigor mortis y la putrefacción como lo estarán algún día el tuyo y el mío, listo para transportar a la morgue y hacer lo que haya que hacer; una bruja y la correspondiente semilla de la pena. En resumen, las chicas mágicas y las brujas, los buenos deseos de unas y las maldiciones de las otras, son dos caras de la misma moneda.
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La historia de Madoka Magica trata de cinco chicas adolescentes que se ven envueltas, cada una a su manera, en este sistema; de los vínculos y conflictos que surgen entre ellas, de los cambios (o no) que experimentan en su interior y en su visión del mundo.
Privilegiadas
Las historias de Madoka y Sayaka me interesan especialmente porque tocan aspectos de la vida que son o han sido omnipresentes en mí: la vergüenza del privilegio, el cómo la tragedia que presencias te puede afectar casi tanto como si la vivieras, y el arma de doble filo que es la empatía salvaje y sin límites.
Pero vamos en orden. Estamos hablando de dos chicas a las que nunca les ha faltado absolutamente nada. Madoka vive con sus padres, que están muy unidos y son gente maravillosa y la adoran, en una casa espectacular. El edificio en el que vive Sayaka parece un jodido hotel de cinco estrellas con columnas de mármol en el hall y una puerta automática con celosías estilo art nouveau, y de pequeña la llevaban a conciertos de música clásica. Ambas tienen habitaciones exquisitamente decoradas y camas mullidas sobre las que en algún momento filosofan o se deprimen cómodamente.
Son, como diría cualquier criatura alfabetizada que haya nacido en este siglo,
UNAS PRIVILEGIADAS.
Lo cual se nos presenta como una realidad objetiva y neutral, que no las hace necesariamente más puras o más impuras que nadie; una simple instancia de buena suerte.
Al principio no son conscientes de lo privilegiadas que son, y parte de su desarrollo tiene que ver con cómo reaccionan al ir entendiéndolo. Cuando Kyubey se les aparece por primera, segunda, tercera vez (recordemos que a Kyubey sólo lo ven quienes tienen talento mágico), o cuando Mami (sí, se llama así) derrota espectacularmente a una bruja frente a ellas y les explica el sistema, no se dan cuenta de todo lo que podrían perder si ésa fuera su vida. Lo único que ven es: chica mayor guay que lucha contra monstruos y habla con perro-gato mágico quiero ser ella quiero ser ella quiero ser ella.
Luego se les ocurre que no tendría mucho sentido que ellas entren a formar parte de eso, porque ¿qué deseo van a pedir si ya lo tienen todo? Son ignorantes e ingenuas, mas no tontas. El mero hecho de que se lo estén pensando ya es prueba suficiente de que ése no es su lugar, así que será mejor olvidarlo... aunque eso las haga sentir vagamente mal consigo mismas y decepcionadas.
Y, por otro lado...
chica que lucha y salva a la gente de los monstruos y ayuda a los débiles qué fuerte es y qué guapa y qué claras tiene las cosas y
qué útil su existencia qué justificada qué importante qué especial
quiero ser ella
El gusanillo de la admiración, de querer ser como los guays, puede ser muy fuerte, por mucho que sea ilógico, y quien diga lo contrario se está mintiendo a sí mismo/a.
Y aunque se les ha advertido con bastante franqueza de los peligros de la vida mágica y de lo definitivo y catastróficamente vinculante del contrato, nuestras chicas no terminan de asimilarlo ni de decidirse. Presenciar la muerte de Mami (te juro que se llama así), devorada viva por alguna bruja que resultó ser más grande y fuerte de lo que parecía en un principio, finalmente las disuade... al menos durante un tiempo.
Desde ese momento, y a medida que se ven expuestas a unas cantidades ingentes y sin filtrar de sufrimiento humano, los caminos interiores de Madoka y Sayaka comienzan a torcer en direcciones distintas.
Madoka
Hacia el cielo estrellado
Si tuviera que definir a este personaje con una sola palabra sería trascendencia. No es de extrañar, teniendo en cuenta que es la personaje titular de la serie y que está planteada como una especie de heroína suprema y de elegida.
Por motivos científicos del lore, Madoka es la criatura con más talento mágico del universo. Según Kyubey, con sólo firmar el contrato podría alterar las leyes de la física, llevar la entropía a niveles pre big-bang; y cuando su gema del alma se rompa nacerá una bruja capaz de destruirlo todo. En cualquier caso, se volvería infinitamente más poderosa que él.
Sin embargo ella no lo tiene tan claro porque es pequeña y débil y está muerta de miedo.
Durante la mayor parte de la serie, Madoka es una espectadora silenciosa. Su rol consiste en seguir de lejos, observar, escuchar y absorber. De hecho, no firma el contrato, no vemos su versión mágica en acción, hasta el último episodio.
En varios aspectos es la más "niña" de todas. Es la última en empezar a luchar, la más miedosa e indecisa, la que más llora. Esto se refleja también en su apariencia: menuda y con un peinado infantil, un par de coletas decoradas con unos lazos escogidos por su madre; al contrario que Sayaka, por ejemplo, que es alta, lleva el pelo corto y luce una joya en el ombligo tras convertirse en chica mágica.
Lo primero que hace Madoka después de que ella y Sayaka conozcan a Mami es dibujar. Antes de pensar en cómo va a luchar o en qué deseo va a pedir, necesita despejarse de las cosas fascinantes que ha visto. Cuando abre su cuaderno para enseñárselo a las otras dos, podemos ver en un lado el trajecito que ha diseñado para sí misma y en el otro a Mami y a Homura (las dos únicas chicas mágicas que han aparecido hasta ahora, una sonriente y encantadora y la otra todo lo contrario), con sendos trajes.
Sin embargo, al ver los dibujos, las chicas se parten de risa, lo que la hace agachar la cabeza y ruborizarse.
(Al hacer eso, Sayaka, queriendo o no, se pone del lado de Mami y actúa como si estuviera a su nivel; esta escena es una breve y mundana muestra de una dinámica que tardará un poquito más en hacerse evidente.)
Otro aspecto que muestra lo “infantil” de Madoka es su curiosidad. A pesar de que Homura es muy desagradable, ella no puede evitar hacerle preguntas cuando están a solas:
¿Cómo es que no te pone triste haber visto morir a esa chica? ... ¿Has visto morir a mucha gente? ... ¿A cuánta? ... ¿Qué deseaste cuando firmaste el contrato? ... ¿Por qué eres tan fría? ... ¿Es posible que nos conozcamos de antes? ... Me gustaría entenderte, pero no lo consigo...
Incluso a Kyubey, a quien podríamos considerar el responsable de todo su sufrimiento, cuando éste le explica todo y la bombardea con visiones de todas las chicas mágicas de la historia, de sus deseos y sus caídas a la desesperación, comparándolas con ganado:
Cuando dices que soy poderosa, ¿a cuánto poder nos referimos exactamente? ... ¿No te sientes mal por haberlas hecho sufrir? No lo entiendo ... ¿Por qué todo esto? ... ¿Y si nunca nos hubiérais encontrado?
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Volver al instituto tras la muerte de Mami les sienta como un latigazo a Madoka y a Sayaka. Después de una mañana de clases a las que les cuesta horrores prestar atención, las encontramos sentadas en la azotea con la mirada perdida y la cabeza dando vueltas, fascinadas por el horrible secreto que ahora comparten:
Nadie ha visto morir a Mami... nadie sabe... sólo nosotras... nadie más lo ha visto... sólo nosotras... somos las únicas...
Antes unidas en el privilegio y ahora unidas también en el trauma. Pero, como dije, sus caminos pronto las llevarán a lugares incompatibles.
Según se adentra en su nueva vida como chica mágica, Sayaka adopta un rol de experimentada y veterana al lado de su amiga, haciendo comentarios tipo:
¿Crees que lo del otro día fue sólo una pelea? Era un duelo a muerte, niña ingenua. No me subestimes.
Y a medida que se hunde en su angustia, en su nueva (y falsa) identidad de “chica mayor”, va empatizando cada vez menos con Madoka, perdiéndole la estima y el respeto a su antes-alma-gemela, la niñita que no se atreve a hacerlo todo ya igual que ella, pinchándole la autoestima a la menor oportunidad.
(Hasta el punto de que en el último episodio Madoka ya no ve a Sayaka, sino a Homura, como su mejor amiga)
Aunque no es tan relevante, la relación de Madoka con su madre también nos da algunas pistas sobre su cambio interior.
Al principio de la serie habla frecuentemente con ella y en varias ocasiones le pide consejo. Sin embargo, tras la trágica muerte de Sayaka, somos testigos de cómo esto cambia: Madoka va sola al funeral de su amiga, y al volver a casa responde a las preguntas de su madre con monosílabos, sin mirarla siquiera, y se va directa a su habitación. Poco después la madre tiene un momento de monólogo interno tipo mi hija ya no me cuenta nada no sé qué hacer; su bebé está creciendo, y debe dejarla.
Confiar en el proceso es otra expresión que encaja bastante bien con el personaje de Madoka, ahora que lo pienso. Durante toda la serie está en proceso: de aprendizaje, de crecimiento, de aceptación... y también de volverse la más espléndida de las guerreras y la más abyecta de las brujas gracias a los viajes temporales de Homura.
Irónicamente, la inacción que la atormentó durante diez episodios y medio termina siendo lo que le da fuerza, pues le permite hacer aquello que ninguna de las demás chicas pudo (o quiso) hacer: pensárselo bien antes de pedir su deseo; crecer, aprender, cambiar antes de pedirlo en vez de después. Madoka firma el contrato cuando está completamente segura de lo que quiere, cuando ya ha asimilado toda la información, presenciado todos los horrores, hecho las paces consigo misma y con el mundo; cuando ya ha descubierto todos los detalles del sistema
Por esto último precisamente su deseo es destruirlo... al menos la parte de él que permite que las chicas terminen convertidas en bestias no-humanas cuando su oscuridad se las lleva por delante. Las consecuencias de esto, como te podrás imaginar, son colosales.
Finalmente, se quita los lazos del pelo y se los regala a Homura, lo que podría interpretarse como una decisión de abandonar los símbolos de su niñez. Madoka ya no necesita llevar esos lazos porque ya no es una niña, y se desprende felizmente de ellos con la esperanza de que Homura (pues hay una parte de ésta que sigue siendo pequeña y teniendo mucho miedo), los lleve consigo.
Y quizá también como disculpa, por no haber sabido entenderla o ayudarla antes, y como agradecimiento, porque es gracias a ella que Madoka ha podido llegar a donde está y no pasa absolutamente nada por reconocerlo, pues ¿qué tiene de malo que nos ayudemos los unos a los otros, que nos necesitemos, que nos queramos...?
Sayaka
Hacia el fondo
“No quiero ir nada más que hasta el fondo”
Creo que esa frase de Alejandra Pizarnik describe bastante bien al personaje de Sayaka. Curiosamente, el mar se utiliza como símbolo de este personaje y de su angustia, y al final del todo hasta la vemos con cola de sirena.
Sayaka es la mejor amiga de Madoka. Pasan tanto tiempo juntas y bromean y se achuchan de tal forma que una de sus compañeritas de clase deja caer que está casi segura de que son pareja.
Pero no, a quien Sayaka ama en realidad es a su otro mejor amigo, un talentoso músico que se ha visto apartado de sus sueños tras un accidente que lo dejó postrado en cama y con los miembros superiores prácticamente inhábiles.
Va a verlo mientras está ingresado, tanto que las enfermeras ya la conocen; se pasa las tardes en la silla de las visitas, conversando y escuchando música con él. Incluso le compra CDs para llevárselos y que los escuchen juntos, cada uno con un casco, en el discman, qué bonito todo.
Un día el chico explota frente a ella y le dice entre sollozos que no hace más que atormentarlo y tratarlo mal al ponerle esa música que nunca podrá tocar y que, por favor, deje de hablarle de esperanza y de terapia y de rehabilitación porque, incluso si consigue volver a caminar o mover el brazo, nunca nunca nunca podrá volver a tocar el violín y hasta su médico ha tenido que decirle francamente que se olvide, que la medicina moderna no cuenta con ninguna herramienta capaz de ayudarlo; que haría falta un jodido milagro.
Estas palabras lastiman a Sayaka, que se queda pensativa. Se mira la mano... la palma... el dorso... los cinco dedos... la red de tendones músculos huesos ligamentos que lo mantienen todo unido... esa mano tan cruelmente bien hecha. Su pensamiento es tan sombrío como revelador:
Debería haberme pasado a mí.
A mí, que no tengo talento, que no valgo para nada... y no a él.
Un silencioso Kyubey aparece frente a ella, simbolizando un cambio de parecer.
Antes no quería firmar el contrato porque no se le ocurría qué desear, y no se le ocurría qué desear porque no sabía lo que era sufrir. Pero ahora que ha visto lo que es un problema de verdad, ahora que ha experimentado las laceraciones de la vergüenza y la empatía, lo sabe. Antes no sabía si merecía la pena gastar su deseo en ese chico, pero ahora que lo ha visto mal lo sabe; lo quiere tanto que dará su vida por él.
No nos hace falta ver más: es evidente que firmará el contrato, y es evidente cuál será su deseo.
Mientras escucha a su amigo tocar el violín por primera vez en tanto tiempo, con esas manos recuperadas por arte de magia (nadie lo entiende, ni siquiera los doctores, ¡¡milagro!!), y al verlo sonreír tímidamente ante los aplausos, piensa para sí:
Esto es maravilloso... no hay forma de que me arrepienta, es lo mejor que he hecho en mi vida.
A esta breve luna de miel la sigue una de las caídas a la desesperación (mental breakdance, si lo prefieres) más célebres de la historia de la televisión.
Para empezar, Sayaka resulta ser una chica mágica bastante débil. No sólo no es especialmente talentosa, sino que, por el motivo que sea, sus poderes tiran más hacia la sanación que hacia el ataque, lo que la obliga a recurrir a la fuerza bruta para ganar las batallas.
¿Recuerdas que hablé antes de la curiosidad de Madoka? Bien, Sayaka es todo lo contrario, es dogmática, nunca hace preguntas y no está abierta a debate. No es lo suficientemente valiente como para arriesgarse a descubrir otra cosa que la pueda hacer sentir mal, así que hace todo lo posible por no escuchar. Las pocas veces que absorbe información nueva después de firmar el contrato son en contra de su voluntad y no las gestiona bien.
Cuando Kyoko le habla de su pasado, en un intento de solidarizarse con ella y mostrar que la comprende (en resumen, ella también pidió un deseo que consistía en ayudar a un ser querido y terminó saliendo mal), Sayaka se ensombrece más y más al escuchar las tragedias de su rival, al entender lo dura y despiadada que se ha tenido que volver para sobrevivir (y posiblemente lo ignorante y privilegiada que es ella misma en comparación, ella que nunca ha pasado hambre), y por un momento le tiemblan las rodillas.
El discurso de Kyoko es muy interesante:
Creía que era una heroína, que lo estaba salvando, pero en realidad lo que hice fue imponerle mi voluntad a esa persona en base a lo que yo creía que él quería o necesitaba. Me jode tanto verte porque yo era como tú. Pero yo no tardé en aprender de mi error, mientras que tú sigues atascada en el tuyo.
Por eso te digo que eso del altruismo es una trampa, y que cuanto antes le pierdas el miedo a vivir y luchar por ti y no por otros mejor.
Desde que firmaste el contrato con Kyubey no has hecho más que dar sin obtener nada. ¿No crees que ya es hora de que eso cambie?
Cuando el altruismo le falló, Kyoko tomó el camino del egoísmo radical y la mentalidad de tiburón. No es lo mejor ni lo más saludable (se movió de un extremo tóxico al otro), pero parece que fue lo único que la ayudó a escapar de su infierno. Ahora se lo ofrece a su rival (antes enemiga a muerte, ahora rival amistosa), junto con una manzana.
Sayaka rechaza ambas cosas. Lejos de dejarse convencer, se cierra como una ostra, se pone a la defensiva:
Yo no soy como tú, no voy a terminar como tú, fin de la discusión.
Y cuando se quiere dar cuenta, ha creado en su cabeza un sistema moral rígido y despiadado que no perdona el más mínimo desliz.
Para ella, Kyoko es impura por admitir sin pudor que necesita nutrirse, tanto literalmente (hasta el punto de tirar la manzana que ella le ofrecía como muestra de reconciliación, afirmando no querer comérsela porque seguro que es robada, lo cual es vil lo mires como lo mires) como a través de las semillas de la miseria, que restauran su alma y su magia; en general, por pensar en sí misma. Sayaka ignora y deja tiradas las semillas de las brujas porque ella es tan pura que no necesita recoger el loot del monstruo que acaba de matar; a ella sólo le interesaba matar al monstruo malo, no llevarse ningún premio. Ella es diferente, no necesita alimentarse ni curarse.
De manera similar, Homura es impura por pensar en sí misma. Y Madoka es impura por... no sé, por valorarse a sí misma un infinitesimal más de lo que se valora a sí misma Sayaka; por, en sus propias palabras, no atreverse a vender su alma por lástima. Por no querer ir hasta el fondo con ella.
Claro, desde la perspectiva de Sayaka, que la futura guerrera mágica más poderosa de todos los tiempos (y aquélla con la que Kyubey la comparó explícitamente al explicarle que algunas tienen más talento que otras, eso debió de escocer) esté sentada a su lado diciéndole que por qué se machaca tanto debe de ser como un insulto. Y aunque se arrepiente inmediatamente de las cosas hirientes que le dice en ese momento, el daño ya está hecho...
La única que nunca deja de ser pura según sus reglas es Mami, porque está muerta, no por otra cosa. No vivió el tiempo suficiente como para decepcionarla, e incluso cuando vivía, Sayaka nunca tuvo la ocasión de escucharla atentamente, de ver más allá de su fachada; de haberlo hecho, se habría dado cuenta de sus múltiples defectos, de lo profundamente hambrienta de amor y compañía que estaba, y probablemente la habría juzgado sin piedad.
Y la más impura de todas, la más deplorable, la que menos merece vivir, es ella misma. Por mucho que pelee, por muchos monstruos malos a los que aniquile, no es capaz de dejar de creerlo.
El punto de inflexión en sus tormentos llega con el desprecio hacia su cuerpo... un desprecio que no viene sólo de sí misma sino del universo y de su lógica.
¿Recuerdas la escisión de la que hablé antes, eso de que la chica mágica tiene el alma alojada en la gema? Eso inicialmente no lo sabe nadie; las chicas al principio creen que la gema del alma es simplemente de donde salen sus poderes mágicos y ya (supongo que a ninguna se le ocurrió preguntar por qué se llama así).
Descubren la verdad cuando Sayaka pierde la suya en plena pelea contra Kyoko y cae muerta sin razón aparente. Kyoko retrocede, sobresaltada. Madoka va corriendo junto a su amiga, la zarandea y al ver que no responde se abraza a ella y llora, repitiendo su nombre una y otra vez, ante lo cual Kyubey, que lo veía todo, se acerca y explica con educación:
No te confundas, Sayaka era la gema. Eso que está ahí tirado sólo es un contenedor vacío... un elemento de hardware, un trozo de carne, como quieras verlo. Pero no es ella.
Kyoko lo agarra del pescuezo y le dice explícate, animal y ahí es cuando se revela lo de la escisión, lo de que la gema es el alma extirpada y todo eso. Creo que la manera en la que Kyubey lo explica, todo en términos de practicidad eficiencia aprovechamiento y que el cuerpo humano tal cual está construido no es más que un lastre, junto con su propia falta de empatía (¿por qué os importa tanto si tenéis el alma dentro o fuera? de verdad que no lo entiendo), contribuye mucho al escándalo y el horror de las chicas.
A eso me refiero con que el desprecio proviene del universo, a que el bicho habla de sus cuerpos como si fueran objetos sin valor. Aunque sepamos que quien pronuncia esas palabras es una criatura incapaz de comprender los sentimientos humanos, eso no hace que el mensaje deje de ser chocante.
Por suerte, logran encontrar la gema del alma de Sayaka y devolvérsela, y ésta revive en cuanto se la ponen en la mano. Poco después Kyubey le explica el asunto a ella también:
¿Por qué crees que puedes luchar tan fácilmente contra esos monstruos tan grandes sin desmayarte cuando te muerden o te clavan cosas o te golpean en la cabeza? Es gracias a esto. Extirpamos el alma porque os ayuda, os permite pelear y ser útiles.
Y si te concentras mucho, ya no sólo atenúas el dolor sino que directamente no lo sientes...
No es difícil extrapolar eso: el dolor y el placer se procesan en los mismos lugares.
Sayaka no sólo ha perdido la posibilidad de estar con ese chico como ella quiere (porque, como se mencionó unos capítulos atrás, con sus nuevos poderes podría perfectamente romperle las piernas y llevárselo a algún lugar remoto para cuidarlo en plan Misery, y ésa sería una forma de que estén juntos), sino que ha perdido la posibilidad de tener cualquier relación. Nunca sentirá el calor de un abrazo o la emoción embriagadora de un primer beso, nunca sabrá lo que es el placer sexual.
Eso es lo que termina por destrozarla, y lo que la confirma inequívocamente como impura, quizá la más impura de todas, en su distorsionado universo moral.
Sayaka empieza a faltar a clase y a quedarse todo el día en la cama, abrazada a su pequeña gema del alma, ese huevito de vidrio coloreado, esa luz azul que late suavemente y que es todo lo que queda de ella... que es literalmente ella. Se está mirando a sí misma desde fuera. Está sosteniendo en el cuenco de las manos su propio cuerpo y lo siente frío e inerte como una roca; lo ve como un objeto alienígena con el que no es capaz de identificarse.
Cuando su amigo se recupera lo suficiente como para ir al instituto, no quiere hablar con él.
Cuando una compañerita de su clase le confiesa que también está enamorada de ese chico y que se le va a declarar tal día a tal hora, ella no se plantea la posibilidad de interferir.
Cuando la compañerita de clase se declara al chaval, Sayaka los sigue de lejos. Los ve abrazarse, sonreírse y hablar felizmente durante un largo rato, quieta en su escondite. Su gema del alma, antaño azul celeste, está oscura y turbia como el mar... parece que algo respira dentro.
Quizá su momento más desolador es cuando, volviendo sola de noche, escucha la conversación machista de un grupo de hombres que le doblan la edad, que perfectamente podrían apalearla o algo mucho peor, y se acerca a ellos diciendo
oye, cuéntame más... de esa mujer a la que estás llamando perra... cuéntame más... cuéntame... quiero saberlo...
Continúa rechazando las semillas de la miseria, algo que necesita tanto como la comida (aun después de ser advertida de que literalmente va a morir si sigue así), y no le importa.
Su alma bulle de negra desesperación... hasta que finalmente explota, literal y metafóricamente.
Por primera vez somos testigos de la muerte mágica de la que hablé antes. Vemos cómo se rompe el cristal y el huevo eclosiona. Vemos cómo se hincha la negra y espinosa semilla de la pena donde estaba antes la gema del alma, cómo se desploma sin vida el cuerpo de la chica y cómo, en algún lugar, en las profundidades, nace la temible bruja.
Tras su breve y mediocre carrera como chica mágica, Sayaka resulta ser una bruja decentemente fuerte, tanto así que Kyoko, su rival que siempre iba un paso por delante, termina teniendo dificultades para derrotarla.
Un par de capítulos después, cuando la noticia de su muerte se hace pública y ya ha pasado el funeral, nos regalan algo curioso: la perspectiva de los adultos. Lo que saben es que la chica se escapó de casa y terminó en un hotel, donde es posible que muriera por el estrés acumulado o algo así. Además, parece ser que su profesora sabía lo de sus “problemas amorosos”; en una escena que parece sacada de El Resplandor, dice que es una pena que algo que en condiciones normales le habría permitido volverse más fuerte y seguir adelante haya terminado así.
En fin, Sayaka no consiguió enviar el mensaje que quería con su muerte, y terminó sembrando nada más que dolor y desesperación, como tantas otras víctimas anónimas del sistema.
Su última observación fue: soy una idiota.
Es cierto, supongo. Pero también es una niña que hizo lo que pudo, igual que Madoka; una niña que no sabía nada de la vida, que quería ser feliz y ver felices a sus amigas; ayudar, ser útil, sentir que valía para algo, encontrar su talento, su pasión, su lugar en el mundo... amar y ser amada.
(Y el hecho de que vivamos en una sociedad en la que es "normal" que las chicas crean que desear estas cosas las vuelve personas horribles debería, como mínimo, preocuparnos un poquito)
Ésa es la única conclusión sólida que puedo sacar después del trip que es el final de esta serie, que sólo eran dos niñas que hicieron lo que pudieron.
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Me gusta cómo el autor de este vídeo cuestiona las intenciones ocultas de Sayaka: ¿Qué derecho tiene a basar su deseo y su razón de ser en el sufrimiento de otra persona, a que le afecte tanto un dolor que no es suyo? Es una pregunta interesante para la que no tengo respuesta. En serio, piénsalo y, si puedes, dímelo... ¿Qué derecho tiene?
Otra cosa que plantea el vídeo es que, al quitarle las lesiones, Sayaka también le robó a ese chico la posibilidad de recuperarse de ellas, de cambiar, de volverse un hombre nuevo y sabio. Quizá algo bueno lo esperaba tras toda esa tragedia, o quizá él y Sayaka finalmente habrían sido pareja si las cosas hubieran seguido su curso... nunca lo sabremos.
Por otro lado, si te cuesta empatizar aunque sea un poquito con ella, si lo que hizo te parece risible, he de preguntarte: ¿Sabes lo que es ver a tu amor completamente destrozado y no poder ayudar? ¿Verlo al borde de la muerte y no poder apartarlo de ahí?
¿Sabes acaso lo que es tener una empatía que se siente como si una cuchilla de afeitar horadara tu corazón?
Ah, ya decía yo.
Quienes sí lo sabemos entendemos a Sayaka, y su camino nos resulta escalofriantemente familiar.
(El de Madoka no tanto porque, como dije antes, lo suyo es la trascendencia y, como argumenta este otro vídeo, se nos presenta al final como una criatura perfecta y sobrehumana con la que no tendría sentido compararse)
Tampoco sé qué derecho tenía yo todas las veces que lo pasé mal por lo que les sucedía a mis seres queridos, pero no puedo evitar que siga siendo así.
Cuántas veces he deseado en secreto poder hacer algo, tener el poder mágico de llevarme aunque sea parte de la oscuridad de alguien y que éste/a pueda estar mejor y sentir que la vida merece la pena. Me hace pensar en una de mis canciones favoritas de Deftones, Risk, concretamente en los versos:
I will save your life
I will save your life
I'll try...
Que me suenan llenos de terror e impotencia... pero también de amor incondicional.
En fin, sé que nunca podré llevarme su oscuridad, y no dejo de lamentarlo.
Por eso digo que nadie me entiende como mis niñas privilegiadas Madoka y Sayaka, y lo digo muy en serio.
Al igual que nadie, amigo o familiar o profesor o psiquiatra o psicólogo, entenderá jamás mis neurosis relacionadas con mi padre como las entendía Hermann Hesse cuando escribió Alma de Niño o mi experiencia en el sistema educativo como ese mismo autor al escribir Bajo Las Ruedas, nadie nadie nadie nadie NADIE entenderá nunca lo defectuoso de mi personalidad, el abismo sin fondo de mi empatía, mi forma de relacionarme con el dolor ajeno, como lo entiende esta serie.
Eso es todo. ¿Alguna vez te has sentido así de entendido/a con una obra de ficción? Si es así me encantaría saberlo. :)
Gracias por leerme, nunca pierdas la esperanza y hasta luego.



