Superación/Destrucción
Hola.
No es mi intención dar pena ni hacerme la víctima ni nada por el estilo, simplemente me apetecía escribir esto para calmarme un poco y para saber si le pasa a alguien más.
Por cierto, el título de esta entrada está inspirado en El Club de la Lucha:
Tal vez la autosuperación no sea la respuesta.
Tyler nunca conoció a su padre.
Tal vez la autodestrucción sea la respuesta.
La verdad es que llevo desde los dieciocho años, puede que desde antes, con una sensación constante de defecto, de ausencia, de espacio negativo, como si hubiera un agujero sin fondo en el lugar en el que debería estar mi núcleo como ser humano, mi esencia, mi identidad, como quieras llamarlo. Como si la oruga, en vez de convertirse en mariposa, simplemente se hubiera desintegrado estéril, limpia y silenciosamente, dejando tras de sí una crisálida hueca, un eterno embarazo sin embrión.
¿Es esto normal? Que tu yo adolescente esté muerto y enterrado, o no identificarte con los recuerdos de aquella época, es normal, sí, es parte de crecer. Pero ¿es normal que esa versión muera y pasen meses, años, sin que venga nadie a ocupar su lugar? ¿Eso nos ocurre a todos?
Sé que darle vueltas no sirve de nada y que debería dejar de autocompadecerme y ser feliz con lo que tengo, pero, no sé, no puedo evitarlo.
De verdad me resulta curioso la cantidad de tiempo que llevo siendo una nulidad sin darme (o querer darme) cuenta, probándome opiniones, convicciones, preferencias, formas de actuar, formas de hablar, planes de futuro, hábitos alimentarios, etc., como si fueran conjuntos de ropa, sólo para darme cuenta tarde o temprano de que no me quedan bien. Cuántos años llevo buscando elegantes metáforas para mi difuso e inexplicable malestar cuando en verdad gran parte de él se reduce siempre a lo mismo: que no soy nada, que estoy hueca, que donde debería residir mi auténtico yo (lo que quiera que signifique eso) hay un pozo oscuro, seco y sin vida.
Estoy segura de que hay miles de personas como yo, es imposible que sea la única. Alguna vez lo hablé con alguien y pareció entenderme sólo parcialmente; interpretó algo así como que no puedo ser yo misma en ningún sitio cuando el problema es más bien que ese “yo misma” ni siquiera existe (aunque tal vez lo primero lleva a lo segundo) y a veces me cuesta entender a qué nos referimos exactamente cuando hablamos de “ser nosotros mismos”, o cómo se aplicaría eso en mi caso.
Y a medida que pasan los años y me hago adulta, más profunda y más física se vuelve esta sensación, y más fútil me parece la idea de buscar otro disfraz que en el fondo sé que va a terminar quedándome mal. Me parece más fácil y más honesto aceptar que llevo dentro ese vacío, que posiblemente sea una de mis mayores constantes y no pasa nada.
Creo que lo gestiono bien, salvo cuando se expande y de pronto casi puedo sentirlo físicamente y noto cómo ocupa un espacio que no le pertenece y se frota contra mis vísceras sin ningún pudor y me molesta. A veces es una agonía. No sé por qué, pero es verdaderamente horrible.
En algún momento delicado recuerdo haber pensado que estaría dispuesta a dejarme sedar, a dejarme manipular y atar con tal de que parara la angustia. Pensé que ojalá viniera alguien a ocuparse de mí y permitirme soltar toda esa angustia que no paraba, el llanto incontrolable, las ganas de hacerme daño.
Ése es uno de los motivos por los que sospecho que esta tontería no le pasa a todo el mundo, me parece improbable que ese horror sea lo común, el pan de cada día, para todos los miembros de nuestra sociedad. A lo mejor me equivoco, pero bueno. Mi teoría es que no soy la única pero tampoco soy la norma, no sé qué opinarás tú.
A veces estoy con alguien que me importa y me entra un deseo fugaz de agarrarlo de los hombros y pedirle que me describa, física o psicológicamente, objetiva o subjetivamente, bien o mal, me da igual, pero que lo haga... que lo intente. Que me explique lo que ve cuando me mira, por fuera y por dentro, qué tipo de persona soy para él/ella, qué piensa cuando está conmigo.
Me gustaría saber qué aspecto tengo, qué impresión doy, o qué recuerdos destacados tienen de mí mis seres queridos, si es que tienen alguno, y cómo son. Todos/as hemos querido en algún momento sentirnos más reales, más concretos/as o algo así, es normal, supongo.
Aunque tal vez en el fondo me da un poco de miedo que la respuesta no me guste.
Y la otra pregunta, más urgente aún...
¿Me sigues queriendo?
¿Aunque esté vacía? ¿Aunque no sea tan guay, tan interesante, tan ambiciosa, tan lista, tan abierta de mente, como tú, aunque me pase la mayoría de mi tiempo libre sin hacer nada productivo, tumbada, leyendo o simplemente dormitando, aunque no tenga ningún sueño en particular?
¿Aunque tenga “rasgos de personalidad atípicos”, aunque mi médico haya comparado las cosas que me pasan con síntomas de TLP?
¿Me seguirías queriendo a pesar de todo? Sé sincero/a.
Dímelo, si puedes, antes de que vuelva a pasar. Antes de que las circunstancias o algún estúpido disgusto me vuelvan a reducir a esa niña, esa masa gelatinosa sin forma, esa nada.
O, bueno, no, tampoco hace falta. Son todo preguntas retóricas, ya sabes.
Recuerda: El vacío nunca se llenará, pero siempre se podrá reducir, rodear de cosas sólidas e ignorar. El mío no me ha impedido amar con intensidad, ser feliz en momentos puntuales o sentir placer o dolor. Si nos conocemos y eres alguien a quien aprecio, te mando un abrazo, y si además eres como yo en este aspecto, espero que el recordatorio te sirva de algo.
Eso era todo, hasta luego.